Crónicas de Pasadena: Raúl Borbón, Presente

Una columna de Roberta Martínez
Publicado para: Sabado, 3 de Diciembre , 2011 | 12:55 AM

No es muy frecuente que uno tenga el honor de estar junto a alguien que está muriendo, o de ser incluido con aquellos que tienen la oportunidad de pagarle sus respetos por última vez. Pero, ahí estaba yo.

Uno no podría darse cuenta de manera inmediata del momento en que Raúl entraba a una habitación. No había nada suntuoso acerca de él. De darse cuenta de su presencia, uno podría haber pensado que era un maestro, o el tío bien parecido de alguien. Él era eso, pero también era mucho más.

Él era la personificación de sus propias creencias. Su esposa y alma gemela, Susana, nos compartió su testimonio, según el que él tomaba pastillas en contra del dolor antes de liderear juntas. Él quería que las juntas estuvieran centradas en las habilidades necesarias para que los líderes de la comunidad de inmigrantes Latinos pudieran involucrarse y empoderarse. Él no quería que su dolor lo distrajera del objetivo principal. Él prefería, por mucho, trabajar desde el humor, amor y la creencia de que siempre hay mejores opciones para hacer mejor la vida.

La habitación en la que estábamos era grande para estándares de un hospital. El personal del hospital había colocado ahí a Raúl porque era el final del salón y había presencia constante de visitantes, que venían, venían y venían. Uno por uno, ellos hablaban con Rául.  Sus hijos llegaron de México y había un éxodo silencioso en la habitación cada vez que ellos tenían tiempo para ir a ver a su padre en el hospital.

A través de la tarde hubo algunas lágrimas, pero mayoritariamente hubo silencio.  Un silencio medido y doloroso- del tipo que es casi reconfortante porque todos entienden el sentimiento que están compartiendo. Y todos entienden el final inevitable.

De vez en vez, los que estaban reunidos compartían unos con otros algunos de los regalos que él les había dado. “Me dijo, hay opciones” “Yes, options, options, there are always options” (“sí, opciones, opciones, siempre hay opciones”). “He was patient” (“él era paciente”). “His sense of humor” (“su sentido del humor”). “He was determined” (“él era determinado”). Él estaba comprometido con la educación pública, incluso hasta el final. Él donó, incluso, su cuerpo a la UCLA, en vez de la USC, debido a que la primera es una escuela pública,

En un punto ayer en la noche, una mujer que portaba un vestido verde con rayas preguntó a aquellos reunidos si podríamos rezar. Hubo por doquier asentimientos con la cabeza –casi de manera audible-, y sin decir una sola palabra, un círculo fue formado por los presentes. Palabras de convicción y amor profundo fueron compartidas y en la conclusión del círculo hubo un llamado a reconocer su vida y sus logros, por medio de aplausos.

En ese cuarto de hospital, y resonando a través del pasillo, se encontraba el aplauso que comienza a un ritmo lento, encontrando su punto de unidad, gradualmente se hace más fuerte mientras el sonido encuentra más y más su centro, y se hace más rápido como una expresión de compromiso resonante, en búsqueda de un  objetivo común.  Fue un reconocimiento de que la presencia de Raúl continuará siendo una parte del trabajo a ser hecho.

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